domingo, 5 de junio de 2016

Telerisa

Se dice comúnmente que la televisión no educa a los niños, yo que fui uno de los de esa generación de tv children, pienso que sí. Se puede hablar de que la televisión te educó si pasabas más tiempo al día frente a ella que frente a tus padres. No me considero un criminal y no cuento (que yo sepa) con desórdenes de carácter mental agudos. Hace tiempo, leyendo un artículo llamado “How TV affect your child?” me di cuenta que en algunos casos el consumo de televisión por parte de los infantes, al menos los norteamericanos, es ciertamente alarmante y hablando de nuestro país no cambia mucho el asunto.
Estamos como todos lo sabemos frente a una crisis importante de valores, y la televisión suele tomarse como referencia en cuanto un ente maligno y destructivo cuyos contenidos deleznables, insensatos y con una falta de cultura y responsabilidad social nos llevan al despeñadero, con lo que la respuesta rápido fue la de: ¿Por qué no crear contenidos educativos? Una televisión educativa. La cual, por cierto, hasta a mí, futuro docente, me parece aburrida y por momentos insufrible.

Debemos entonces no reprobar el consumo de contenidos televisivos, pero sí advertir a los alumnos de su peligrosidad, que sean capaces de criticarla, de tomar una postura crítica/reflexiva acerca de  su programación, y que cada uno decida, ya con voluntad propia, si apaga la TV o compra una más grande.

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