Se dice comúnmente
que la televisión no educa a los niños, yo que fui uno de los de esa generación
de tv children, pienso que sí. Se puede hablar de que la televisión te educó si
pasabas más tiempo al día frente a ella que frente a tus padres. No me
considero un criminal y no cuento (que yo sepa) con desórdenes de carácter
mental agudos. Hace tiempo, leyendo un artículo llamado “How TV affect your
child?” me di cuenta que en algunos casos el consumo de televisión por parte de
los infantes, al menos los norteamericanos, es ciertamente alarmante y hablando
de nuestro país no cambia mucho el asunto.
Estamos como
todos lo sabemos frente a una crisis importante de valores, y la televisión
suele tomarse como referencia en cuanto un ente maligno y destructivo cuyos
contenidos deleznables, insensatos y con una falta de cultura y responsabilidad
social nos llevan al despeñadero, con lo que la respuesta rápido fue la de: ¿Por
qué no crear contenidos educativos? Una televisión educativa. La cual, por
cierto, hasta a mí, futuro docente, me parece aburrida y por momentos
insufrible.
Debemos entonces
no reprobar el consumo de contenidos televisivos, pero sí advertir a los
alumnos de su peligrosidad, que sean capaces de criticarla, de tomar una
postura crítica/reflexiva acerca de su
programación, y que cada uno decida, ya con voluntad propia, si apaga la TV o
compra una más grande.
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